
Diseñada como una guía para proporcionar recursos de respeto propio a estudiantes de secundaria y preparatoria, surgió Código Dignidad. Este libro de Bárbara Aranda Díaz puede ser un gran aliado para el público juvenil tanto en espacios públicos, como la escuela, como en entornos digitales, principalmente, las redes sociales.
Para conocer más detalles sobre este ejemplar, entrevistamos a Bárbara, quien nos contó desde cómo eligió el título hasta qué espera que los lectores se lleven como mensaje central.
-¿Para quién es este libro? ¿Quiénes son sus lectores?
Este libro está diseñado para los adolescentes, óptimo para ellos que cursan secundaria y preparatoria. Los adultos también encontrarán temas que les resultará importante hablar con sus hijos y jóvenes cercanos.
-¿Por qué elegiste la palabra «dignidad» en lugar de otros términos populares como «autoestima» o «amor propio»? ¿Qué matiz fundamental aporta el concepto de «dignidad» a tu metodología?
Porque la dignidad es el origen de nuestra identidad. La dignidad no se gana, simplemente hay que descubrirla y hoy es muy importante resaltar esa realidad en el corazón de nuestros jóvenes, para que salgan al mundo valorando quienes son realmente, y a partir de ahí, vivir la experiencia de la adolescencia.
-En tu opinión, ¿cuál es el concepto más erróneo o la pieza de información crucial que la mayoría de la gente desconoce sobre cómo respetarse a sí misma?
Falta aprender que lo auténtico tiene valor. La escuela del mundo hoy recomienda parecernos a estándares de personas determinadas, de encajar a toda costa donde no se pertenece, a seguir a las masas sin antes valorar lo más preciado que hay en cada uno y brillar desde esa realidad.

¿Qué experiencia o momento vital te impulsó a profundizar en este tema y a sentir la urgencia de plasmar el Código Dignidad en un libro?
Debido a la crisis de salud mental y el lamentable aumento de suicidio entre los niños y jóvenes en los últimos años, tuve una inquietud de querer ayudar sin saber cómo. Tiempo después tuve la oportunidad de conocer a un padre de un joven que se quitó la vida, dejando a la familia sin conocer los motivos. Este testimonio que recibí inesperadamente fue lo que me golpeó al corazón y me provocó tomar acción. Cuando esa dolorosa estadística tomó nombre, mirada, voz… detonó el salir en búsqueda de herramientas y soluciones para acompañar a los jóvenes que transitan sus problemas en soledad, sin esperanza, sin autoestima, desconociendo su valor.
-¿Cuál es la diferencia entre un límite basado en el miedo a ser herido y un límite que nace del respeto propio genuino, y cómo se establece este último?
Qué interesante pregunta. Para mí las dos parten de la protección personal y responsabilidad en la propia persona. Por ejemplo, evitar heridas sentimentales es tan importante como heridas corporales, alzar la voz hace la diferencia, lo vemos incluso con niños menores.
Ahora bien, poner límites a nuestras acciones y decisiones cuando algo no nos conviene como por ejemplo: ver contenido inapropiado o violento, escuchar canciones que cosifican el amor, alejarme de grupos sociales que tienen malos hábitos va acompañado de una madurez. Habla de un pensamiento crítico donde el respeto propio tiene un peso en la balanza y el joven empieza a considerar límites que le benefician. Un joven que pone límites, por cualquier motivo que sea, es un joven en acción y eso es lo que buscamos.
-A menudo, mostrar vulnerabilidad se ve como una debilidad. ¿Cómo se equilibra la práctica del respeto propio con la necesidad de ser vulnerable y pedir ayuda?
Sabernos vulnerables es sabernos humanos. Todos podemos tener un poco de eso, y alzar la voz y pedir ayuda es la belleza que nos saca a buscar apoyo y conexión en otras personas que nos puedan acompañar en el proceso, aconsejar u ofrecer soluciones. Es una de las oportunidades que tenemos para conectar entre personas y ¡qué bonito! En Código Dignidad impulsamos a los jóvenes a pedir ayuda en muchas circunstancias. El parte del código.
-Cuando un lector cierra la última página de Código Dignidad, ¿cuál es la única cosa que esperas que haya cambiado de forma permanente en su mentalidad o en su comportamiento diario?
Deseo que tenga hambre por vivir dignamente y que este libro sea un referente al que pueda regresar a consultar y reforzar su código de dignidad cuando lo sienta necesario.